28 julio 2012

LA CARTOGRAFÍA COMO UNA EXPRESIÓN ARTÍSTICA DE LA REALIDAD

fuente: La Gaceta

Metrópolis - Arte urbano 1

Primero de dos programas en los que exploramos el nuevo arte urbano, heredero del grafiti y el arte de acción, anárquico, poético y combativo, es el arte que se expresa en las calles adoptando un sinfín de formas y filosofías. Metrópolis dedica dos programas al Arte Urbano. En este primer capítulo, Javier Abarca, profesor de Arte Urbano en la Universidad Complutense y responsable de la plataforma teórica Urbanario.es nos aclara algunos conceptos básicos para entender esta práctica, mientras exploramos la obra de: Suso33, SpY, Alexander Vasmouslakis & Paris Koutsikos, Sepeusz & Chazme, Reskate, El Niño de las Pinturas, Popay, Mr.Trazo, dosjotas, Escif, MOMO, Spok, Eltono, NEKO o Rosh.






IMMATERIALS: Light painting WiFi


Este Proyecto Explora las ondas invisibles del Wifi en los Espacios Urbanos mediante la el uso de señales de luz pintadas y el uso de fotografias de larga exposición




Immaterials: Light painting WiFi from Timo on Vimeo.



+ Fotos:
flickr.com/photos/timo/sets/72157626020532597/

25 julio 2012

AUGMENTED CITY de Matsuda

Con el lema Programando la realidad, el encuentro Fractal’12 ha acogido, entre otras, la propuesta visual de Keiichi Matsuda. Este arquitecto, diseñador y realizador que trabaja desde Londres y Tokio se sumergió en la realización audiovisual para comprender mejor sus proyectos arquitectónicos. Fascinado con la tecnología que permite sumar capas intangibles a la realidad cotidiana, Matsuda presentó en Fractal su obra sobre (hiper) realidad aumentada.


Como comenta el artista: “La arquitectura de la ciudad contemporánea ya no se limita al espacio físico de edificios y paisaje. Cada vez se trata más de un espacio sintético creado por la información digital que recopilamos, consumimos y organizamos; una interfaz inmersiva puede constituir una parte tan importante del mundo que habitamos como los edificios que nos rodean”.
Hace unos años todavía podía oírse hablar de realidad virtual. La imagen de la persona con casco y guantes recorriendo un espacio inexistente ha quedado no obstante desfasada. Matsuda apuesta por la superposición de capas de realidad que alcanza incluso al entorno doméstico, poblado por objetos cotidianos, pero también por redes sociales, ideas, o cualquier otra manifestación digital expresiva que se tercie.


24 julio 2012

CIUDADES LAB ¿QUE SON?

Los centros tradicionales de investigación e innovación como las Universidades o los departamentos de I+D de las empresas ya no son los únicos espacios de generación de conocimiento. Hoy en día, en muchas ciudades han nacido espacios innovadores no formales, laboratorios ciudadanos que crean y desarrollan proyectos de investigación al margen de los circuitos convencionales. Nos preguntamos como se tienen que ordenar (si es que se tienen que ordenar) estos espacios-laboratorio, si hay que potenciar las ciudades-laboratorio y qué papel juegan la administración pública y el sector privado en la configuración de redes de investigación e innovación ciudadana.  Responden nuestras dudas Ramón Sangüesa, miembro de CoCreating Cultures y professor de la UPC yAntoni Nicolau, director de l’Institut d’Arquitectura Avançada de Catalunya. Sangüesa y Nicolau participaron en el debate I+C+i  “Ciudadanía y acción en la ciudad laboratorio” junto con Inés Garriga, responsable de innovación y creatividad del ICUB y Laura Forlano, profesora de diseño en el Design Institute adscrito al Illinois Institute of Technology de Chicago




02 mayo 2012

THIS SPACE AVAILABLE

En "THIS SPACE AVAILABLE" , el cineasta Gwenaëlle Gobé dice: "¡sí!" Bajo la influencia de la escritura de su padre, Marc Gobe ( Branding emocional ), este nuevo director trae la energía y la urgencia de las historias de personas en todo el mundo que luchan por recuperar sus espacios públicos desde Visual contaminación. De 240 horas de película, entrevistas 160, y las visitas a 11 países en cinco continentes, este espacio disponible traza un fascinante variedad de las luchas contra la publicidad sin control y sugiere que más de la estética que está en juego. 
Si Jacques Attali llamó una vez a la contaminación acústica de un acto de violencia, es la contaminación visual también como un acto? Si consideramos también, como uno de los residentes de Mumbai, dice, "que las clases de la sociedad pueden escribir sus mensajes en la ciudad y que las clases de la sociedad son marginados?" Gobé ofrece un análisis astuto generacional de la contaminación visual, por la que se culpa no sólo con la maquinaria de publicidad, sino también a toda una generación de los Baby Boomers cuyo consumo basado en la cultura les ha implicado en las consecuencias del medio ambiente. Ella sostiene que se trata de su generación que queda por hacer el saneamiento que es ahora líder de la lucha de nuevo. Pero el cineasta también se reconoce la historia y la política detrás de esta lucha. En cuanto a la legislación como la Ley de Embellecimiento de Carreteras de 1965, Gobé muestra cómo la aplicación de esta ley histórica, destinada a regular la publicidad exterior en las carreteras de Estados Unidos, ha ido erosionado. Y hoy, los activistas del espacio público como Jordan Seiler, se enfrenta a duras sanciones para la cobertura de los anuncios al aire libre con el arte - mientras que las autoridades hacen la vista gorda a los ilegalmente construido vallas publicitarias. Sin embargo, la película logra un tono esperanzador. Una entrevista sobresaliente cuenta con Gilberto Kassab, el alcalde popular de Sao Paulo, que lanzó una piedra en el estanque tranquilo de la industria de la valla publicitaria con éxito la prohibición de los medios de comunicación al aire libre en su ciudad - el octavo más grande del mundo. La medida no tiene precedentes: 1980 Houston cartel prohibición fue también una táctica deliberada para mejorar su imagen tambalea, la competitividad económica y la calidad de vida. Al final, este espacio disponible al público a reconocer los desafíos que la estética y la belleza van de la mano con la responsabilidad. Gobé pregunta: "¿Por qué las marcas siguen siendo aliados con una industria que reduce los árboles, los cerdos de la energía, y gasta sus ganancias en los tribunales y grupos de presión legislatura, especialmente cuando los consumidores más jóvenes presionar para mejorar la ciudadanía corporativa?" Y es a todos por igual la culpa de que permite la propagación de la contaminación visual? ¿Y cómo podemos apoyar a las personas humildes que tienen el coraje de mostrar que "es" posible revertirlo? La película navega por estas cuestiones sin la promoción de una solución universal. Gobé lugar entreteje historias que reflejan una diversidad de respuestas locales a una condición cada vez más global. este espacio disponible obliga al público a considerar estas historias mucho tiempo después de la película termina, o por lo menos para recordarlos cada vez que la velocidad a la cartelera.

01 marzo 2012

EL ESPACIO PÚBLICO A DEBATE

Reflexiones sobre nuestras ciudades y nuestra convivencia La Fabrique de la Cité recoge en este vídeo las reflexiones, opiniones y, algunas veces dudas de diversos ciudadanos franceses entorno a esta temática. ¿Qué es un espacio público? ¿Qué influencia tiene en nuestra vida? ¿Quién se encarga de su gestión? ¿La iniciativa privada, debería actuar en su articulación? ¿y nosotros, qué pintamos allí?

Les espaces publics - Publics spaces from La Fabrique de la Cité on Vimeo.

04 febrero 2012

"EL ESPACIO PÚBLICO NO EXISTE" --> ARTICULO DE MANUEL DELGADO

"El espacio público no existe". Artículo publicado en "Barcelona, ciutat mediterrània", abril-junio 2011

EL ESPACIO PÚBLICO NO EXISTE 
Manuel Delgado 

Se escucha y se lee cada día más acerca de lo que se da en llamar “espacio público”. Pero, ¿desde cuándo y para qué empieza a generalizarse esa noción en tanto que elemento inmanente de toda morfología urbana y como destino de todo tipo de intervenciones urbanizadoras, en el doble sentido de basadas en el urbanismo y en la urbanidad? Si se dedicase un poco de tiempo a establecer la genealogía de su sentido actual, se desvelaría en seguida que ese concepto se ha impuesto en las tres últimas décadas como ingrediente fundamental tanto de los discursos políticos relativos a la realización de los principios igualitaristas atribuidos a los sistemas nominalmente democráticos, como de un urbanismo y una arquitectura que, sin desconexión posible con esos presupuestos políticos, trabajan en cualificación y la posterior codificación de los vacios urbanos que preceden o acompañan todo entorno construido, sobre todo si éste aparece resultado de actuaciones de reforma, tematización o revitalización de barrios o de zonas industriales consideradas obsoletas y en proceso de reconversión.

 Como concepto político, espacio público quiere decir esfera de coexistencia pacífica y armoniosa de lo heterogéneo de la sociedad, marco en que se supone que se conforma y se confirma la posibilidad de estar juntos sin que, como escribiera Hannah Arendt –con Habermas y Kosselleck, una de las fuentes teóricas básicas del concepto actualmente en vigor de “espacio público”–, “caigamos unos sobre otros”. Ese espacio público se puede esgrimir como la evidencia de que lo que nos permite hacer sociedad es que nos ponemos de acuerdo en un conjunto de postulados programáticos en el seno de las cuales las diferencias se ven superadas, sin quedar olvidadas ni negadas del todo, sino definidas aparte, en ese otro escenario al que llamamos privado. Ese espacio público se identifica, por tanto, como ámbito de y para el libre acuerdo entre seres autónomos y emancipados que viven en tanto se encuadran en él y viven juntos una experiencia masiva de desafiliación.

 La esfera pública es, entonces, en el lenguaje político, un constructo en el que cada ser humano se ve reconocido como tal en relación y como la relación con otros, con los que se vincula a partir de pactos reflexivos permanentemente reactualizados. Ese espacio es la base institucional misma sobre la que se asienta la posibilidad de una racionalización democrática de la política, de acuerdo con el ideal de una sociedad culta formada por personas privadas iguales y libres que establecen entre si un concierto racional, en el sentido de que hacen un uso público de su raciocinio en orden a un control pragmático de la verdad. De ahí la vocación normativa que el concepto de espacio público viene a explicitar como totalidad moral, conformada y determinada por ese “deber ser” en torno al cual se articulan todo tipo de prácticas sociales y políticas que exigen de ese marco deje de ser meramente categorial y devenga también un escenario en que desplegarse y existir. Ese proscenio en que el espacio público abstracto se haga “carne entre nosotros” no puede ser sino la calle, la plaza y todos aquellos lugares en que se encuentran seres que siendo con frecuencia desiguales, deben aprender a comportarse en todo momento como si fueran tan solo diferentes. Ahí fuera, en ese lugar de encuentro generalizado, es donde el Estado debe lograr desmentir, aunque sea momentáneamente, la naturaleza asimétrica de las relaciones sociales que administra y a las que sirve y escenificar el sueño imposible de un consenso equitativo en el que llevar a cabo su función integradora y de mediación.

 El objetivo de convertir en realidad ese espacio público místico es lo que hace que cualquier apropiación considerada inapropiada de la calle o de la plaza sean rápidamente neutralizadas, por la vía de la violencia si es preciso, pero sobre todo por una deshabilitación y luego una expulsión de quienes osen desacatar o desmentir la utopía, por lo demás imposible, de una autogestión basada en el consenso civil y la “buena convivencia ciudadana”. Esto afecta de lleno a la relación entre el urbanismo y los urbanizados, puesto que lo que se da en llamar urbanidad –sistema de buenas prácticas cívicas– viene a ser la dimensión conductual adecuada al urbanismo, entendido a su vez como lo que está siendo en realidad hoy: mera requisa de la ciudad, sometimiento de ésta, por medio tanto del planeamiento como de su gestión política, a los intereses en materia territorial de las minorías dominantes.

 A ese espacio público materializado se le asigna la tarea estratégica de ser el lugar en que los sistemas nominalmente democráticos ven o deberían ver confirmada su verdad igualitaria, el terreno en que se ejercen los derechos de expresión y reunión como formas de control sobre los poderes y desde el que esos poderes pueden ser cuestionados. Lo que antes era tan solo una calle o una plaza son ahora ámbitos accesibles a todos en que se producen ininterrumpidas negociaciones entre seres humanos que han alcanzado el derecho al anonimato y que juegan con los diferentes grados de la aproximación y el distanciamiento, pero siempre sobre la base de la libertad formal y la igualdad de derechos, todo ello en una esfera de la que todos pueden apropiarse, pero que no pueden reclamar como propiedad; marco físico oficial de lo político como campo de encuentro transpersonal y región sometida a leyes que deberían ser garantía para la equidad. En otras palabras: lugar para le mediación entre sociedad y Estado –lo que equivale a decir entre sociabilidad y ciudadanía–, organizado para que en él puedan cobrar vida los principios democráticos que hacen posible el libre flujo de iniciativas, juicios e ideas.

Pero ese espacio público no existe. Es una quimera, una leyenda, algo de lo que se habla o escribe, incluso que se proclama administrar, pero que nadie ha visto ni verá, al menos en una sociedad capitalista. Los lugares pretendidos como del encuentro amable y cooperativo entre iguales raras veces ven soslayado el lugar que cada concurrente ocupa en un organigrama social que distribuye e institucionaliza asimetrías de clase, de edad, de género, de etnia, de “raza”. A determinadas personas en teoría beneficiarias del estatuto de plena ciudadanía se les despoja o se les regatea en público la equidad, como consecuencia de todo tipo de estigmas y negativizaciones. A los no-ciudadanos pobres –los llamados “inmigrantes”– se les obliga a ocultarse o a pasarse el tiempo exhibiendo papeles. Lo que se tenía por una vida pública basada en la adecuación entre comportamientos operativos pertinentes y basado en la comunicación generalizada entre seres abstractos –“los ciudadanos”–, se ve una y otra vez desenmascarado como una arena de y para el marcaje de ciertos individuos o colectivos, a quienes su identidad real o atribuida les coloca en un estado de excepción del que el espacio público no les libera en absoluto, puesto que ese lugar lo es para ellos de y para todo tipo de vulnerabilidades y vulneraciones. Es ante esa verdad que el discurso del espacio público invita a cerrar los ojos, hacer como si no existiese, puesto que en la calle y en la plaza sólo caben las pruebas inequívocas del final de una clase media universal y feliz, a solas consigo misma en un mundo sin conflictos y sin miseria.